La 'química' pareciera haberse esfumado. Y es que el intercambio de cumplidos que hasta hace poco caracterizaba la relación del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con su par estadounidense, Donald Trump, se ha visto abruptamente interrumpido por el regreso del garrote arancelario.
De momento, los halagos públicos entre los dos mandatarios se han desdibujado. Hace un mes, cuando corría la cuenta regresiva para que entraran en vigencia los nuevos aranceles impuestos por la Casa Blanca, Lula le hizo un último llamado a su homólogo, al que catalogó de "amigo" en diciembre pasado.
"Trump, la cuestión es esta: Dijiste que hubo 'química' entre nosotros. No fuiste tú quien anunció esa medida [arancelaria], y yo tampoco. Así que me debes una reunión y yo te debo una", recoge Correo Brasiliense. Esta propuesta, que quedó en el aire, aún no se ha cristalizado.
Mientras tanto, la primera reacción surgió desde el Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. En esta jornada, el titular de esa cartera, Mauro Vieira, afirmó que "no hay ninguna justificación" para la nueva tarifa del 25 % impuesta por EE.UU. a los productos brasileños y agregó que las negociaciones con la contraparte buscaban la "capitulación" de Brasilia.
Rubio, el tercero en discordia
Hasta mayo pasado, Lula hablaba de una relación "muy buena", e incluso de "amor a primera vista", con su par republicano. Sin embargo, la entrada en escena del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, agrió la conexión entre los dos mandatarios.
La víspera, Rubio confirmó que el inquilino de la Casa Blanca había ordenado al Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) la imposición de un arancel de 25 % a la mayoría de las importaciones brasileñas, según escribió en su cuenta de X.
El secretario de Estado puso todo el peso de la responsabilidad de la decisión de Washington en Lula. Según su argumentación, el mandatario brasileño y su Gobierno "no han negociado con EE.UU. de buena fe", por lo que considera que "sus políticas económicas son malas para los estadounidenses y malas para los brasileños".

En medio de esta confrontación, Rubio dio su estocada. "Durante el último año, Lula ha antepuesto su propio ego a la búsqueda de un acuerdo que beneficie al pueblo brasileño, y estos aranceles son el precio que debe pagar por ello", agregó.
Semanas atrás, el presidente suramericano también lanzó su propio dardo contra el secretario de Estado, al tacharlo de "enemigo mortal" de la región y describirlo como "un latinoamericano frustrado".
¿Qué desató este capítulo de la guerra arancelaria?
El jefe de la USTR, Jamieson Greer, dijo en una rueda de prensa que siguió instrucciones de Trump y decidió imponer un arancel del 25 % a ciertos productos brasileños, tras un proceso de investigación, que comenzó en septiembre pasado, como parte de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, y de varias negociaciones fallidas con el país suramericano.
Así, la agencia estadounidense determinó que eran "irrazonables" y "perjudiciales" para los agricultores estadounidenses "ciertas medidas brasileñas", que la USTR relaciona con el "comercio digital y los servicios de pago electrónico", en particular, el uso de Pix, un servicio de pagos instantáneos del Banco Central.
Del mismo modo, se incluyen los "aranceles preferenciales injustos" que aplicaría el país suramericano a México e India; la "injerencia en la lucha contra la corrupción; la protección de la propiedad intelectual; el acceso al mercado del etanol y la deforestación ilegal".

La "codicia" de los tecnoligarcas
El zarpazo arancelario fue catalogado por Lula como un "hito lamentable", sin "justificación alguna".
El mandatario recordó que, aunque su país no "reconoce la legitimidad de investigaciones sin respaldo en las reglas multilaterales de comercio", nunca "abandonó la mesa de negociaciones para defender los intereses nacionales". Asimismo, refutó cada uno de los alegatos de la USTR contra Brasil.
El jefe de Estado brasileño ratificó que las "acusaciones contra Pix y la regulación de las plataformas digitales son infundadas". "Pix es un patrimonio de nuestro pueblo y una referencia internacional en infraestructura digital pública", sentenció y arremetió contra los magnates de la 'Big Tech'.

"En Brasil, no abdicaríamos de proteger a nuestras familias y nuestros niños contra la codicia de un puñado de tecnoligarcas. La libertad de expresión no es un cheque en blanco para la criminalidad", expresó.
Las 'Big Tech' vs. Brasil
En mayo pasado, el presidente suramericano emitió dos decretos de regulación para el funcionamiento de las redes sociales y las gigantes tecnológicas. Esta reglamentación apunta a que estas multinacionales tengan mayor responsabilidad por los delitos que se cometen a través de esas plataformas.
Así, por ejemplo, las empresas tecnológicas de gran envergadura deberán retirar los contenidos ilícitos, de forma inmediata —sin que pese una orden judicial—, tras recibir una notificación de los afectados. Del mismo modo, la legislación brasileña refuerza la protección de datos y establece la prohibición de monetizar anuncios fraudulentos y de venta de productos ilegales.
Tras estas medidas, según los analistas, los gigantes de la tecnología arreciaron sus presiones sobre Trump para que castigara a Brasil por llevar adelante acciones soberanas que los afectan directamente.
Por otra parte, el actual conflicto de las 'Big Tech' contra el Estado brasileño también podría tener incidencia en las venideras elecciones de octubre. El precandidato presidencial derechista Flávio Bolsonaro ya le prometió a la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. que, de ganar, se aseguraría de que Pix no tuviera relación con las formas de pago "no occidentales", en referencia a China.
Aunque la tensión entre Brasilia y Washington se encuentra en su punto más elevado, aún es posible que, como en otras oportunidades, una llamada entre ambos mandatarios pueda darle otra vuelta de tuerca a este panorama.


