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¿Qué sigue tras la tregua entre EE.UU. e Irán? Tres escenarios posibles para la región

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Una vez finalizado el conflicto, la región del golfo Pérsico podría convertirse, de facto, en persa, según opina un analista militar ruso.
¿Qué sigue tras la tregua entre EE.UU. e Irán? Tres escenarios posibles para la región

La retórica casi apocalíptica del presidente estadounidense, Donald Trump, quien amenazó con que "toda una civilización morirá esta noche", dio paso, de repente, a una distensión. Por la tarde del 7 de abril, se anunció que Estados Unidos e Irán habían acordado un alto el fuego de dos semanas. Poco después, Israel confirmó que se sumaría. Durante estas dos semanas, está previsto que se celebren negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz permanente, con Pakistán actuando como mediador.

La guerra aún podría reanudarse, pero por ahora parece que las cosas avanzan hacia una realidad en la que el golfo Pérsico se está volviendo, de hecho, persa. Irán ahora controla efectivamente el tráfico marítimo en el golfo y pone en riesgo a las monarquías petroleras árabes, y Estados Unidos parece estar aceptando eso.

Escenario 1: un alto el fuego prolongado

La prolongación de la tregua en las hostilidades durante meses, o incluso años, es algo totalmente plausible: aunque no se llegue a un acuerdo de paz formal, el alto el fuego podría simplemente prorrogarse una y otra vez.

En ese caso, la principal prioridad para los Estados árabes será construir una nueva generación de defensa aérea. El plan es bastante claro: confiar en interceptores baratos y producidos en masa, ya sean terrestres (como el Pantsir de Rusia) o lanzados desde el aire (como el APKWS). Es probable que tanto los Estados árabes como Israel se centren en esto, además de reponer sus reservas tradicionales de defensa aérea.

La segunda prioridad será diversificar la logística: construir nuevos oleoductos hacia el mar Rojo y encontrar alternativas a las rutas marítimas del Golfo. El objetivo es obvio: liberarse del control de Irán sobre el estrecho de Ormuz y reducir su influencia. Dicho esto, para países como Catar, Baréin, Kuwait e Irak, los oleoductos que atraviesan la península arábiga significarían depender de otra potencia regional: Arabia Saudita. Y, por supuesto, se aplicarían tarifas de tránsito. 

Nada de esto resuelve el problema fundamental. La geografía del Golfo hace imposible una protección total. A lo largo de más de 500 millas náuticas (unos 1.000 km) —como en un viejo videojuego de disparos—, todas las rutas marítimas están al alcance de Irán. A lo largo de la costa, puertos, fábricas, plantas desalinizadoras, instalaciones de almacenamiento de petróleo, centros de datos, hoteles y rascacielos quedan expuestos como blancos en un campo de tiro. Defender todo eso desde el mar es extremadamente difícil y, por el momento, es probable que los Estados árabes opten por pagar por un paso seguro.

Al fin y al cabo, realmente no les importa quién proporcione ese paraguas de seguridad. Antes pagaban a los Estados Unidos; ahora pagarán a Irán. El precio ni siquiera es tan elevado: según se informa, ronda los 2 millones de dólares por superpetrolero, lo que supone solo el 2-3 % del valor del petróleo a bordo. Y, en última instancia, los compradores pagarán la cuenta de todos modos.

En Oriente, una de las mayores muestras de un gobernante sabio es la capacidad de imponer tributos a los vecinos y hacer que reconozcan su autoridad. Ese principio se entiende bien tanto en Irán como en el mundo árabe. Irónicamente, es posible que Estados Unidos e Israel hayan contribuido a crear un nuevo orden regional que, de hecho, se ajusta a la lógica política local.

Ahora, Washington y Jerusalén Occidental se enfrentarán a una larga y ardua batalla para recuperar su influencia, y cualquier paso que den será recibido con escepticismo por los Estados árabes: ¿y si todo vuelve a desmoronarse? El lobo alfa no ha dado en el blanco.

Escenario 2: nueva escalada

Es muy posible que, en dos semanas, la guerra vuelva a estallar potencialmente con una intensidad aún mayor. Los negociadores iraníes podrían ser blanco de ataques nuevamente, lo que provocaría un colapso prematuro del alto el fuego. Aun así, esto es poco probable: a pesar de las considerables capacidades militares de EE.UU. e Israel, actualmente carecen de un camino claro para derrotar de manera decisiva a Irán mediante medios convencionales.

Salvo en un escenario nuclear, la coalición tiene dos opciones principales.

La primera es una campaña de bombardeos estratégicos intensivos con el objetivo de "bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra". Eso requeriría que los bombarderos estratégicos estadounidenses operaran directamente sobre territorio iraní, una propuesta arriesgada, como demostró el incidente cerca de Isfahán. En tales condiciones, los bombarderos B-52 serían, de hecho, más vulnerables que los aviones de combate modernos: son tan fáciles de derribar como los aviones de pasajeros civiles, incluso para sistemas de defensa aérea relativamente obsoletos.

Mientras tanto, la capacidad misilística de Irán no solo ha sobrevivido, sino que ha mostrado signos de recuperación y ha aumentado su ritmo operativo. Además, las fuerzas estadounidenses no han logrado desarticular de manera significativa la infraestructura de lanzamiento de drones de Irán (incluidos los drones Shahed). Esto significa que cualquier campaña de bombardeos a gran escala corre el riesgo de desencadenar daños de represalia significativos —especialmente contra las monarquías árabes productoras de petróleo—, lo que prolongaría y agravaría la crisis mundial del petróleo y podría empujar al mundo hacia una crisis financiera.

Israel también quedaría expuesto. Según un informe de JPMorgan que cita al Instituto Judío para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, la tasa de éxito de los ataques iraníes contra territorio israelí se ha disparado —del 3 % al inicio de la guerra al 27 % a finales de marzo y principios de abril— debido en gran parte a la tensión y el agotamiento de las defensas aéreas israelíes.

La segunda opción —una operación terrestre a gran escala, ya sea a lo largo de la costa de Irán o contra islas controladas por Irán— conlleva todos los riesgos de la guerra aérea, además de inevitables bajas numerosas. ¿La ventaja? Prácticamente ninguna. Las incursiones anfibias limitadas lograrían poco, mientras que una invasión a gran escala destinada a un cambio de régimen simplemente no es factible.

Nada de esto significa que la escalada esté descartada. Significa que, antes de escalar, los líderes estadounidenses e israelíes tendrían que resolver la misma ecuación a la que se enfrentaron al inicio de la guerra, pero ahora con muchas menos incógnitas. La resiliencia de Irán, sus capacidades militares y el alcance del aislamiento internacional de Estados Unidos e Israel son ahora mucho más claros.

Si se reanuda el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz y luego se interrumpe de nuevo por una acción estadounidense o israelí, se les consideraría ampliamente responsables de desencadenar una crisis económica mundial.

Escenario 3: enfrentamientos de baja intensidad bajo el control iraní del estrecho de Ormuz

Se trata, en esencia, de una variante del primer escenario y el más probable. De hecho, parece que ya se está desarrollando: Irán acusa a Israel de violar el alto el fuego con nuevos ataques y amenaza (y probablemente se prepara) para tomar represalias.

Si el tráfico por el estrecho de Ormuz continúa más o menos ininterrumpido, un patrón de tensión continua e intercambios esporádicos podría convertirse en la nueva normalidad. Israel lleva a cabo ataques (o Irán afirma que fue atacado); Irán responde cerrando temporalmente el estrecho durante uno o dos días, tal vez lanzando su propio ataque de represalia.

Después de unas semanas o meses, este tipo de noticias simplemente pasan a un segundo plano, convirtiéndose en un riesgo constante de bajo nivel. La región se vuelve menos estable, pero el resto del mundo se encoge de hombros en gran medida, siempre y cuando el petróleo y otros recursos sigan fluyendo desde el golfo Pérsico.

Por Serguéi Poletáyev, analista político y militar ruso.

La incertidumbre sobre la tregua en Oriente Medio, MINUTO A MINUTO

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