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¿Será capaz la OTAN de sobrevivir a la crisis entre EE.UU. y sus aliados?

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En el bloque, "Estados Unidos seguirá al mando, pero los compromisos mutuos de los 'mosqueteros', cuyo juramento —'uno para todos, todos para uno'— constituyó el fundamento ideológico de la alianza, se verán significativamente debilitados", declaró el experto ruso Dmitri Trenin.
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La OTAN, especialmente debilitada tras el regreso del presidente Donald Trump y el conflicto en Oriente Medio, sobrevivirá, pero lo hará de forma distinta a como estaba funcionando hasta el momento, valoró Dmitri Trenin, director del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Rusia.

El regreso de Trump cambió las dinámicas de la OTAN

De acuerdo con Trenin, Trump "comenzó a posicionar a Estados Unidos no como el líder que trataba a sus protegidos de forma paternalista y a menudo condescendiente, sino como una potencia hegemónica severa, exigiendo que sus aliados cubrieran íntegramente sus gastos de defensa". Washington obligó a esos socios, que al principio reaccionaron con inquietud, a aumentar su corresponsabilidad y gastos en defensa hasta alcanzar el 5 % del PIB.

El enfoque de la organización se modificó con el cambio de presidencia. Algunas medidas, como la adopción de una estrategia de confrontación económica y geopolítica con China, y la creación de la necesidad de reordenar los recursos, redefinirían la coalición.

"Al no considerar a Ucrania un activo importante y temiendo una escalada de la guerra, provocada, como lo ha declarado repetidamente, por las acciones del equipo del presidente Joe Biden, Trump redujo —aunque no eliminó— la participación de Estados Unidos en el conflicto. Trasladó los costos del armamento de Kiev a Europa e inició un proceso de negociación con el Kremlin, excluyendo a los europeos", recapituló el experto.

No obstante, la fuerte inversión política y económica de las élites de Europa Occidental en el conflicto en Ucrania generó nerviosismo, puesto que, para ciertos sectores, la crisis pasó a servir como instrumento para fortalecer a la Unión Europea y fomentar la militarización como motor económico.

A este sentimiento de inquietud se le sumó el cuestionamiento de la soberanía de Canadá y Groenlandia por parte de Trump, que desafió los principios básicos de la OTAN y socavó la defensa colectiva. Sin embargo, según Trenin, siempre existió ambigüedad en cuanto al Artículo 5, puesto que el Senado estadounidense ratificó el tratado garantizando que Washington no entrara en guerra de forma automática. 

¿El fin del "paraguas nuclear"?

Según el experto, la fiabilidad de Estados Unidos para arriesgarse a un conflicto nuclear en defensa de todos sus aliados de la OTAN es cuestionable, por lo que la idea de un incondicional "paraguas nuclear" estadounidense se ha desmoronado, forzando a Europa a buscar alternativas propias.

Francia, al ser la única nación de la UE con armamento nuclear, ha sugerido compartir esa capacidad con sus aliados, pero la decisión final dependería del presidente francés, por lo que hay dudas sobre si París realmente arriesgaría su propia seguridad en aras de otras capitales europeas.

Por otra parte, el Reino Unido tiene restricciones técnicas, puesto que su arsenal nuclear depende de los sistemas Trident de fabricación estadounidense. Dado que el país necesita la autorización de Washington para operarlos, esto condiciona cualquier garantía británica independiente.

Paralelamente, en Alemania se debate sobre una disuasión nuclear propia de Europa, mientras que Polonia manifiesta abiertamente su interés en obtener armas nucleares. Este escenario resulta desestabilizador y revive el temor a la proliferación nuclear en una región que tradicionalmente había seguido normas contrarias a esas armas.

A pesar de las fisuras, la OTAN no se desintegrará

Desde su fundación en 1949, la OTAN ha continuado expandiéndose hasta llegar a los 32 miembros, al incorporar a Finlandia y Suecia después de la operación militar rusa en Ucrania en 2022. En este conflicto, de acuerdo con el experto, la alianza ha llegado a reforzar su postura antirrusa con más éxito que en ningún otro momento desde la Guerra Fría, por lo que Moscú se ha encontrado con un Occidente colectivo opuesto a Rusia.

Sin embargo, ahora los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán han puesto en evidencia de nuevo que la solidaridad en la OTAN es condicional. Esta vez, las nuevas fisuras en la organización se dan especialmente en cuanto a la dificultad para implementar soluciones militares de forma rápida y en la falta de cooperación y consenso cuando Trump ha solicitado apoyo en el conflicto.

De acuerdo con Trenin, aunque la OTAN, en una crisis por la no convergencia de intereses, podría dejar de ser la misma, no se desintegrará. Estados Unidos no plantea retirarse totalmente de Europa, puesto que la organización le resulta fundamental para conservar su influencia y manejar el vínculo con Rusia y sus aliados europeos. De otra parte, Washington ve a la Unión Europea como un rival económico, por lo que la estructura de la OTAN le sirve como herramienta política y militar para asegurar su dominio en la región. 

Europa Occidental sin margen de maniobra

De acuerdo con el autor, "los intereses nacionales de los Estados miembros de la UE siguen siendo primordiales, incluso en el contexto de una profunda integración. Las instituciones europeas tienen mucha menos legitimidad ante los europeos que los gobiernos nacionales. Una unificación militar de Europa, por así decirlo, centrada en Bruselas (la UE), es improbable".

Además, Trenin recuerda que el posible liderazgo de esta fuerza tampoco estaría claro: Francia no tiene capacidad suficiente, Alemania enfrenta desconfianza histórica en su rearme, y el Reino Unido está fuera del eje de la UE. Además, el liderazgo colectivo (París-Berlín-Londres) es inestable y las aspiraciones de países como Italia, España y Polonia dificultarían cualquier consenso.

Así pues, de acuerdo con el autor, la OTAN será entonces más condicional y basada en intereses individuales. "Estados Unidos seguirá al mando, pero los compromisos mutuos de los 'mosqueteros', cuyo juramento —'uno para todos, todos para uno'— constituyó el fundamento ideológico de la alianza, se verán significativamente debilitados. En estas circunstancias, no habrá un ejército europeo unificado; las fuerzas armadas conjuntas de la OTAN, compuestas principalmente por europeos pero controladas por el Pentágono, se mantendrán. Estas fuerzas combinadas se convertirán en el primer escalón en el enfrentamiento de la OTAN con Rusia; Estados Unidos quedará relegado a un segundo plano o incluso a un papel de reserva".

Trenin señala, además, que la actual transformación de las relaciones internacionales trasciende a la OTAN, evidenciando una pérdida de cohesión en los bloques militares tradicionales. 

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