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La dama de los tés y las 'almendras negras': la asesina serial que se burló hasta de su condena

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La mujer planificó la muerte de dos amigas y una prima con un sofisticado método en el que la confianza fue el arma más letal.
La dama de los tés y las 'almendras negras': la asesina serial que se burló hasta de su condena

El destino final de Carmen Zulema del Giorgio Venturini, Nilda Gamba y Lelia Formisano de Ayala fue escrito por una confiable y cercana amiga de modales refinados que les había prometido ganar mucho dinero en una inversión que no tendría pérdida. Para ello, las cuatro mujeres se reunían en el histórico barrio de Monserrat, en Buenos Aires, Argentina.

María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano —o simplemente 'Yiya', como la llamaban sus cercanos— había convencido a su prima segunda Carmen y sus amigas Nilda y Leila de que, al entregarle una importante suma de dinero, ella se los devolvería multiplicado y lo celebrarían por todo lo alto.

Pero con el tiempo, cuando la mujer, siempre elegante y bien vestida, no cumplió con su promesa, sus amigas comenzaron a intrigarse y a pedirle que les diera explicación de sus ahorros o que simplemente los devolviera, relata la prensa local.

La respuesta de María Bernardina no fue violenta, o al menos no abiertamente. Mujer de gustos finos, enigmática y de buenos modales, lo pensaba todo con meticulosidad, con sangre fría. Decidió matarlas, pero su estilo no era matar como los desesperados: ella prefería la paciencia, acompañada de un buen té y postres de alta cocina.

La muerte decidió servirla en tazas de porcelana y en bandeja de plata, junto con unas masas finas que —según expertos— posiblemente olían y sabían a almendras negras, que es a lo que huele y sabe el cianuro. Yiya lo sabía, al igual que el desenlace mortal que tendrían su prima y amigas, incluso antes de dar el primer sorbo de té o morder las 'masitas'.

Los crímenes ocurrieron entre el 11 de febrero y el 24 de marzo de 1979, en plena dictadura militar. Ella simplemente no quería devolver los ahorros que le habían confiado y pensó que aquella deuda que le reclamaban quedaría en el olvido si una tras una sus compañeras de té caían víctimas del letal veneno. 

La única 'amiga' sobreviviente

A las cuatro amigas les gustaba jugar al póker y lo hacían cada vez que lograban reunirse en Buenos Aires, la capital argentina. Para 1979 la economía local experimentaba una "situación singular". "Los intereses que bancos y financieras ofrecían eran altísimos: un puñado de pesos se multiplicaba por tres en poco tiempo. Yiya, una maestra que nunca había trabajado, un ama de casa ambiciosa, decidió dedicarse un tiempo a la usura", dice la reconocida escritora y periodista argentina Leila Guerriero en una crónica titulada 'Una taza de té con Yiya Murano', donde relata su experiencia con la también llamada "envenenadora de Monserrat".

Guerreiro detalla que Yiya lo que hacía era gestionar el dinero de sus amigas: "lo colocaba en algún plazo fijo no demasiado oficial" y luego les devolvía "el capital más intereses a cambio de una comisión". "Primero Carmen, después Nilda, por último Lelia, le entregaron dinero, entusiasmadas con la idea de ganar mucho sin esfuerzo. Al principio Yiya cumplió, pero con el correr de los meses empezó a retrasarse con los pagos. En el verano austral de 1979 debía entregarles a sus tres amigas un total de 300.000 dólares".

Las tres víctimas 

El sábado 10 de febrero de 1979, tras comer pescado y compartir un té en casa de Yiya, Nilda sintió dolores fuertes en el estomago. Fue al médico y le recetó antiespasmódicos. Yiya, como era su vecina, se ofreció de inmediato a cuidarla, pero a las 2:30 de la madrugada del domingo 11 cayó en coma y poco después murió. El médico que firmó el certificado de defunción
dictaminó: "paro cardíaco no traumático", diagnóstico que no requería autopsia.

A los pocos días, cuando se acercaba la fecha de devolución del dinero a su segunda víctima, Lelia, Yiya fue a su departamento y tomaron té. Según alegó luego, ambas habían acordado ir al teatro esa noche pero cuando pasó a buscarla nadie abrió la puerta. Algo después, el 22 de febrero, los vecinos denunciaron un olor nauseabundo. Cuando la policía llegó, encontró a la mujer muerta y sentada frente al televisor. En el sitio había una taza de té, en el piso, y restos de galletas dulces.

Un mes más tarde, el 24 de marzo, Carmen, prima segunda de la homicida y tercera víctima, empezó a sentir nauseas y mareos y salió al pasillo de su casa a pedir ayuda. Se revolcaba en el suelo, rodeada de vecinos, cuando llegó Yiya, cuenta Guerriero. Murano "entró apurada al departamento, rebuscó algo –dicen que un papel, un frasco– y al salir insistió en acompañar a su prima en la ambulancia. Zulema murió antes de llegar al hospital".

"En el funeral, Diana María Venturini, hija de Zulema, recordó
que Yiya tenía una deuda con las tres muertas. Buscó en el departamento de su madre el documento firmado en el que Yiya se comprometía a devolver el dinero. No lo encontró. Habló con el portero, que le confirmó que la señora Murano había entrado en la casa buscando algo, frenética, antes que llegaran los médicos. Diana fue a la policía: dijo que dudaba. Se abrió una causa. Se ordenó la exhumación de los cuerpos", relata Guerriero.

La sentencia

Las autopsias de Nilda y Lelia arrojaron 'resultados no concluyentes': se advirtió que los cuerpos, cuando son enterrados bajo tierra, producen clorhidrato de cianuro en el proceso de descomposición. Sin embargo, al tiempo las vísceras del cadáver de Zulema mostraron que contenían cianuro alcalino.

Arrestada el 27 de abril de 1979, Yiya fue juzgada por el asesinato de las tres mujeres. Estuvo presa hasta 1982, año en que fue liberada por falta de testigos directos de los crímenes. Después de esto pasó tres años en libertad, hasta que en 1985 la Cámara de Apelaciones la consideró culpable de homicidio calificado y reiterado en tres oportunidades, además de estafa al patrimonio de las víctimas.

La condena fue de cadena perpetua, al comprobarse que el veneno administrado por Yiya estaba en las masas y las tazas de té. Una década más tarde, en noviembre de 1995, a la asesina serial se le otorgó conmutación de pena y salió en libertad. Desde entonces no paró de tener presencia en los medios. Incluso se presentó en varios programas de televisión, donde decía que era inocente y se permitía bromear acerca de cómo mataba. "Nunca invité a nadie a comer", decía.

De la cárcel a la televisión

Para 1996, según medios, Yiya se había convertido en figura de televisión. Era comentarista de moda de un programa llamado 'La Hoguera'. Sin embargo, el momento cumbre llegó 12 años más tarde, en 2008, cuando participó como invitada en un icónico programa de almuerzos televisados conducido por la histórica presentadora Mirtha Legrand.

Allí, la locutora Neli Trenti presentó así a la convicta: "¡La señora Yiya Murano! Estuvo presa, acusada de envenenar a sus amigas". A la par, la cámara mostró a una sonriente Yiya, que incluso se llegó a jactar, en tono de chiste, de cómo aprendió a envenenar.

"¿Te molesta que te llamen 'La envenenadora de Monserrat'?", le preguntó Legrand, y Yiya respondió: "No me molesta nada. Porque yo sé lo que hice y lo que no hice". "Pero yo leí el libro de tu hijo, era terrible", dijo la presentadora y la mujer asintió: "Sí, terrible, terrible, y más viniendo de un hijo. Me pidió perdón".

@eldestape El día que Yiya Murano le convidó masitas a Mirtha 👀 🔙 Se cumplen 45 años de la detención de "Yiya" Murano, la vecina del barrio porteño de Monserrat que fue condenada por haber envenenado a tres mujeres. ⚠️ Yiya estuvo 16 años presa, hasta que consiguió la libertad condicional. En 2008 visitó el programa de Mirtha Legrand y protagonizó un insólito momento. 📺 #yiyamurano#mirthalegrand#almorzandoconmirthalegrand#televisionargentina#entretenews♬ sonido original - El Destape

Luego Legrand le comentó sobre sus conquistas de "muchos hombres", en alusión a los supuestos 250 sujetos con los que ella dijo que se había acostado. Y de seguidas llegó el momento que quedó en la memoria colectiva de los argentinos, unos segundos eternos donde la realidad superó cualquier ficción.

"Te traje masas con una condición: que las comas delante de mí", le dijo Yiya a Legrand con una sonrisa imperturbable. La conductora aceptó el desafío pero preguntó si la idea era de ella o de la producción. Yiya respondió que eso no se lo podía decir, mientras ponían sonidos macabros de fondo.  

Legrand bromeó mientras retiraba la cereza de una de las piezas: "Justo tenía el veneno en la cereza", dijo con una sonrisa inquietante, "si mañana no vengo, me ponen un reemplazante". En medio de burlas, Yiya pronunció una oración perturbadora tras aceptar que el cianuro iba en la fruta de la masita. "Después me hice experta", agregó. Legrand le preguntó: "¿Tendrá gusto el cianuro?", y la mujer respondió: "Parece que tiene buen gusto. Hasta ahora no lo he probado. Un día de estos me animo, lo pruebo y...", dejó en suspenso y puso cara de morirse.

Las víctimas que sí lo pudieron contar

Aquella macabra escena, sin ningún remordimiento hacia las víctimas, fue pronto calificada como espectáculo del mal. Tiempo después, la propia conductora pidió disculpas a las familias de las tres fallecidas, por la liviandad del momento, y reconoció que el carisma de Murano era, en sí mismo, otra forma de agresión.

Martín Murano, el hijo de Yiya, relató en su libro 'Mi madre, Yiya Murano', publicado en 1994, que ella intentó envenenarlo cuando era niño. Además, habló sobre la frialdad de la mujer y sostuvo que ella le confesó que sí había cometido los crímenes. Según su historia, cuando tenía 10 años observó que su madre puso un líquido sobre un pastel que pensaba darle, pero en un último momento se arrepintió. "Simplemente, no se animó", reseñan medios locales.

Otras de las potenciales víctimas que aparentemente se salvaron de Yiya fue Julio Banín, un exmarido ciego a quien habría intentado matar con veneno para ratas, que sirvió en unos fideos. Su hija Julia Banín denunció que Yiya actuó contra su padre, quien sobrevivió al envenenamiento, para robarle sus ahorros. También afirmó que ella misma fue la tercera sobreviviente de la envenenadora, porque también recibió una porción de los fideos envenenados que comió su padre.

La asesina serial, nacida el 20 de mayo de 1930 en Corrientes, Argentina, murió a los 84 años, el 26 de abril de 2014, sola y en un geriátrico de Belgrano, en Buenos Aires. Fue sepultada en el cementerio de la Chacarita. Su historia cobró fama en medios, documentales, reportajes y libros, hasta llegar incluso a la pantalla con la serie de televisión 'Yiya', emitida en 2025, y al teatro con "Yiya, el Musical".

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